De Brito y Granados: un rumor sobre OLGA que se transformó en ring de redes
Ángel de Brito agitó un trascendido sobre una posible venta de la participación de Migue Granados en el canal OLGA. Granados lo había desmentido en privado. La pelea expuso una zona gris del periodismo de espectáculos: qué hacer cuando la fuente niega lo que el conductor igual difunde.
Ay, paisano, le cuento de entrada que esto que arrancó como un runrún de pasillo terminó en un cruce a cielo abierto en la red social X, y deja planteada una pregunta que a mí, que llevo años mirando la tele con la misma atención con la que otros miran un partido de fútbol, me parece de manual: ¿hasta dónde se puede estirar un trascendido cuando el propio interesado ya lo desmintió cara a cara? Lo que sigue es lo que pasó entre Ángel de Brito y Migue Granados, con OLGA como escenario y el rumor como pelota que ninguno de los dos quiso dejar picando.
Cómo arrancó el rumor y por qué no se apagó
La versión circuló en los últimos días y señalaba que Migue Granados habría vendido su participación en OLGA, el canal de streaming que él mismo ayudó a construir como una de las caras visibles del proyecto. Ángel de Brito lo tomó como trascendido en su ciclo LAM y, según contó en el vivo, antes de ponerlo al aire se comunicó en privado con Granados para chequearlo. Lehmann del asunto: el propio Granados le confirmó que no había vendido nada. Con ese dato encima, cualquiera habría archivado el cuento. Pero De Brito siguió adelante y sostuvo la hipótesis pública: deslizó que la operación habría involucrado una cifra importante y que Granados, aun sin haber vendido, podría dejar la conducción diaria por cansancio. Es decir, desmintió la venta con la boca del dueño y, al mismo tiempo, la mantuvo viva con letra chica.
Granados no se quedó callado. Tomó un recorte del segmento, lo subió a X y escribió, textualmente: "El tipo pregunta en privado. Le contás que no y cuenta que sí". La chicana iba al hueso: lo que a él le molestaba no era el rumor en sí, sino que su propia negativa hubiera sido usada como combustible para que el trascendido siguiera circulando.
La respuesta de De Brito y un cierre con tono de broma
De Brito no se achicó y le respondió con una de esas frases que él sabe clavar como un mojón en medio del camino. Le sugirió, medio en serio medio en chiste, que escuchara mejor el segmento y lo bautizó "streamer de cristal", un apodo que, viniendo de quien viene, duele y a la vez suena a chiste de vestuario. Granados, que tiene el cuero curtido de tanto vivo y de tanto pase de magia en cámara, eligió cerrar con humor y le devolvió la pelota: "¿Vos me estás mandando a drogar, Ángel?". Ahí se pinchó el globo, al menos en lo que se vio en público. Ninguno de los dos publicó nada más sobre el tema después de ese ida y vuelta, y la discusión quedó congelada en esa última chicana.
- Ángel de Brito difundió el trascendido sobre una venta de la participación de Granados en OLGA, aunque reconoció haber sido desmentido en privado por el propio Granados.
- Granados respondió con un recorte del segmento y cuestionó que su negativa no alcanzara para frenar la circulación del rumor.
- De Brito lo llamó "streamer de cristal"; Granados contestó con humor y le preguntó si lo estaba "mandando a drogar".
- El cruce tiene antecedentes: meses atrás, De Brito ya había tratado a Granados de "llorón" por evitar una nota en televisión abierta.
- De Brito mencionó, sin confirmación, que Verónica Lozano y Leo Montero habrían recibido propuestas para conducir una franja en OLGA; ninguna habría prosperado.
- La única respuesta oficial conocida sigue siendo la negativa de Granados; no hay confirmación de ningún movimiento societario.
Una pelea con historia y una pregunta que queda flotando
Le soy franco: esta no es la primera vez que Ángel y Migue se cruzan, y tampoco es la primera vez que se tiran con cargador lleno. Viene de lejos, casi desde los tiempos en que uno reinaba en la televisión abierta y el otro se fue a hacer la suya del otro lado de la pantalla, en el streaming. Meses atrás, cuando Granados había evitado una nota con un canal de aire, De Brito lo había tildado de "llorón" y había sentado posición sobre una generación de conductores que, según él, no banca la presión de la pantalla grande. Ese cruce, en el que también metió a Nico Occhiato como ejemplo contrario, dejó la relación bastante tirante y dejó picando un debate viejo como el mate cocido: quién manda más, si la tele abierta o las plataformas digitales. Lo que pasó esta semana es, en parte, un capítulo más de esa misma pelea, pero con un condimento nuevo: ahora no se discute el medio, se discute el método. Porque la pregunta de fondo que deja este episodio no es si Granados vendió o dejó de vender su parte, eso él mismo lo negó y nadie aportó un papel, una firma ni un comunicado que diga lo contrario. La pregunta de fondo es otra, y me parece que a los cuarenta, a los cincuenta, a los sesenta años, se entiende mejor: cuando un protagonista de la noticia te dice en la cara "eso no pasó", ¿qué autoridad te queda para seguir contándolo como si fuera un trascendido? Porque un trascendido es, por definición, algo que circula sin confirmación. Pero si el dueño del dato te lo desmiente y vos lo sabés, ¿en qué se convierte eso? ¿Sigue siendo un trascendido o pasa a ser otra cosa, algo que a mí, Aníbal Benítez, me cuesta mucho llamar periodismo sin que me quede la boca amarga.
“El tipo pregunta en privado. Le contás que no y cuenta que sí.”Migue Granados, en X
Le dejo la recomendación de siempre, la que me hago a mí mismo cada vez que agarro el teléfono para contar algo que escuché en un pasillo: si el protagonista de la historia te dice que no, y no tenés un documento, una grabación o una fuente independiente que lo banque, lo más honesto es archivar el runrún y guardar el anotador para otra. El derecho a la información no es un vale para repetir lo que sea, y la vieja regla de oro de este oficio sigue siendo la misma que me enseñaron cuando arranqué: mejor quedarse callado un día que abrir la boca y pasar vergüenza toda la semana.
