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Cuando la montaña habla: la avalancha en Chapelco que rozó a dos esquiadores y dejó a todos pensando

Una masa de nieve se desprendió en la cara posterior del Cerro Chapelco, fuera de las pistas habilitadas. Dos personas que descendían en zigzag estuvieron a metros del avance blanco y salieron ilesas. El operativo se activó de inmediato y la pregunta vuelve a quedar flotando en el viento de la cordillera: hasta dónde se puede (y hasta dónde se debe) llegar cuando uno está esquiando.

Por Paola MezaSociedad y vida · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me lo imagino como si lo estuviera viendo. Es jueves a la tarde, cae el sol sobre Chapelco y mucha gente todavía sigue arriba, dejándose llevar por la última bajada del día, ajustando las antiparras, con esa mezcla de cansancio y satisfacción que solamente conoce quien termina una jornada larga en la nieve. Es en ese momento, cuando la montaña parece dormida y uno empieza a confiarse, cuando el Cerro Chapelco decidió recordar que sigue siendo, ante todo, un gigante vivo. Una masa importante de nieve se desprendió del filo posterior, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, en una zona que no está dentro del dominio esquiable, y barrió parte de la ladera con una velocidad que quedó registrada por casualidad en los teléfonos de quienes estaban cerca. Dos personas que descendían en zigzag pasaron a muy pocos metros del frente blanco. Y, por fortuna, lograron alejarse sin un rasguño.

Cuando leí la noticia me acordé de Marta, una vecina de San Martín de los Andes que conozco desde hace años y que ya pasó los cincuenta y dos. Marta esquía desde chica, tiene a sus hijos en la escuela de nieve del pueblo y no se pierde una temporada. Mientras le contaba lo que había pasado, todavía con el termo de mate en la mano, me dijo algo que me parece justo traer a esta nota: 'Acá la montaña te deja entrar, pero no te deja hacer cualquier cosa'. Marta repite esa frase cada vez que alguien le pregunta por las zonas fuera de pista, y la dice con esa sabiduría simple que da haber visto, de cerca, cómo responde la cordillera cuando alguien se pasa de la raya.

Qué pasó exactamente y por qué se cerró el sector

El episodio ocurrió el jueves por la tarde, en pleno desarrollo de la temporada invernal, según reconstruyeron las autoridades del complejo. La avalancha se originó en el filo del cerro, específicamente en el sector posterior, que no forma parte de las pistas habilitadas ni está señalizado para la práctica del esquí. Los dos esquiadores que estaban en la zona realizaban un descenso en zigzag y quedaron a pocos metros del avance de nieve. Las imágenes que circularon muestran con crudeza la velocidad con la que la masa blanca cubrió la ladera. Una vez detectado el desprendimiento, el personal del centro de esquí activó el protocolo de seguridad: se despejó el área, se impidió el ingreso de nuevas personas y se comenzó a evaluar la estabilidad de la montaña. No hubo que lamentar heridos.

Desde la dirección del complejo recordaron que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que ese sector no está habilitado para descensos. La recomendación que repiten temporada tras temporada es bien clara: permanecer dentro de las zonas autorizadas y respetar las indicaciones del personal especializado, que conoce la montaña mucho mejor que cualquier visitante.

Por qué se mueve la nieve: lo que dice la ciencia (en criollo)

  • Una avalancha se produce cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente. Básicamente, lo que estaba quieto empieza a deslizarse.
  • Entre los factores que las desencadenan están la acumulación de capas de nieve con distinta dureza, los cambios bruscos de temperatura, el viento que redistribuye la nieve y la inclinación del terreno.
  • Después de nevadas intensas, el viento suele acumular la nieve en ciertos puntos de la ladera y formar placas que pueden volverse inestables si la adherencia entre capas es débil.
  • El paso de personas por sectores no habilitados agrega una sobrecarga que, en muchos casos, alcanza para iniciar el desprendimiento.
  • Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las zonas seguras: no es capricho, es lectura del terreno.

Ahora, si me permiten una reflexión a esta altura de la charla, creo que el episodio de Chapelco nos deja una enseñanza que va más allá del cerro y de la nieve. Pienso en la cantidad de veces que uno, en la vida cotidiana, se interna en zonas que sabe que no están habilitadas: el atajo que no es atajo, el terreno que parece seguro pero no lo es, el lugar donde 'nunca pasa nada' hasta que, un día, pasa. La montaña tiene la honestidad de avisar, a veces con un sonido seco, otras con un movimiento de nieve que se lleva todo puesto. Nosotros no siempre tenemos esa misma suerte. Por eso, cuando le pregunten si se puede esquiar fuera de las pistas, la respuesta sensata es la misma que daría Marta con su mate en la mano: se puede, sí, pero no se debe. La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía quedan semanas de nieve por delante. La idea es disfrutarla, pero con los pies bien plantados dentro del área autorizada. Y, sobre todo, con el respeto intacto por una montaña que, cada vez que puede, nos recuerda quién manda.

PM
Paola MezaSociedad y vida

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