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Con tarjetas al 82 por ciento anual, la carga financiera se come el ingreso disponible de las familias antes de que termine el mes

El sistema financiero acumula unos 51 billones de pesos en préstamos a personas humanas, con las tarjetas de crédito y los préstamos personales como los rubros más onerosos. Las tasas vigentes reducen el margen para alquiler, alimentos y educación, según describió el economista Jorge Ingaramo.

Por Rubén ArandaEconomía regional · 30 de agosto de 2026 · hace 22 h

Unas 23 billones de pesos en saldos de tarjetas de crédito y unos 21,7 billones adicionales en préstamos personales configuran el grueso de la deuda que las familias argentinas mantienen con el sistema financiero, de acuerdo con los registros que el propio sector difunde de manera periódica. Las tasas de interés aplicables a esos productos se ubicaron en julio en niveles del 82 por ciento anual para las tarjetas y del 66 por ciento anual para los préstamos personales, dos referencias que el economista Jorge Ingaramo describió como determinantes a la hora de explicar la dinámica del consumo de los hogares durante los últimos meses.

El peso de esos compromisos sobre el presupuesto familiar es, según describió el especialista, uno de los principales frenos al consumo cotidiano. Una familia que debe destinar una porción significativa de sus ingresos mensuales a atender los vencimientos con tarjetas y préstamos personales termina enfrentando con dificultad el resto de las erogaciones corrientes, entre ellas el alquiler, los alimentos, los gastos educativos, la cobertura de salud y los servicios. La frase que Ingaramo eligió para graficar el cuadro fue directa: el día a día se queda sin plata.

El sistema financiero y la composición de la deuda

De acuerdo con los datos consignados en el informe de base, el sistema financiero registra en la actualidad alrededor de 51 billones de pesos en préstamos destinados a personas humanas. Ese monto se distribuye entre tres grandes segmentos: las tarjetas de crédito, con 23 billones de pesos; los préstamos personales, con 21,7 billones; y los prendarios, con 6,2 billones. El indicador de mora en tarjetas de crédito y en préstamos prendarios se ubica en torno del 7 por ciento, un nivel que el propio reporte describe como estable dentro del cuadro actual.

El saldo total expone la magnitud del crédito al consumo dentro del sistema bancario argentino. Se trata, en otras palabras, del dinero que las familias ya comprometieron con entidades financieras y que, mes a mes, se descuenta de sus ingresos antes de que esos ingresos lleguen a transformarse en consumo. Esa mecánica es la que Ingaramo señaló como el mecanismo concreto a través del cual las tasas de interés terminan reduciendo el espacio disponible para los gastos no financieros del hogar.

Consumo reactivado en lo pequeño y frenado en lo durable

En paralelo al encarecimiento del financiamiento, el consumo de los hogares mostró una mejora del 2 por ciento en los últimos meses, según los registros oficiales. Ese crecimiento, sin embargo, se concentró en los rubros de indumentaria y recreación, dos segmentos que en general se financian con pago al contado o con tarjetas saldadas en períodos breves. Los bienes durables, que suelen requerir esquemas de financiamiento en cuotas más prolongadas, permanecen sin reaccionar porque, con las tasas vigentes, el costo financiero de esas cuotas resulta inaccesible para una porción significativa de los demandantes.

“Una familia que destina una parte importante de sus ingresos a pagar deuda después tiene que afrontar alquiler, alimentos, colegio, obra social y otros gastos. ¿Cuánto le queda para consumir? Nada. El día a día se queda sin plata.”Jorge Ingaramo, economista

Dólares ahorrados pero no volcados al circuito interno

Ingaramo describió la dinámica cambiaria como un dato que, en sus propias palabras, resulta inédito en su trayectoria profesional. La economía argentina genera, en la actualidad, unos 2.000 millones de dólares de superávit externo por mes, un volumen que, en condiciones de circulación interna fluida, debería traducirse en una reactivación mucho más marcada. El ahorro en moneda extranjera, en tanto, mantiene niveles altos, pero esos fondos no se vuelcan al circuito productivo ni al consumo local porque su propietarios optan por preservarlos como reserva de valor.

Recomendaciones y horizonte de tasas

Para quienes evalúan tomar deuda en los próximos meses, Ingaramo desaconsejó recurrir al endeudamiento en moneda extranjera y, en particular, los nuevos créditos hipotecarios que se ajustan por UVA. La recomendación fue la inversa para las deudas ya contraídas: mantener los compromisos existentes en pesos antes de asumir nuevos pasivos en dólares, con el objetivo de no quedar expuesto a un eventual cambio en el tipo de cambio o en las condiciones contractuales del crédito en moneda dura. Lo que todavía no se conoce es cómo evolucionarán las tasas de interés en pesos hacia fin de año ni en qué medida los bancos están dispuestos a recalibrar los spreads aplicados a los distintos segmentos, dos variables que terminarán definiendo si la presión financiera sobre los hogares se mantiene en los niveles actuales o comienza a moderarse en los próximos meses.

RA
Rubén ArandaEconomía regional

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