Aulas con ruedas: cómo Neuquén lleva oficios a los pueblos que no tienen sede propia
Siete unidades móviles equipadas como talleres recorren la provincia desde 2025. Ya formaron a más de 460 personas en once localidades, desde soldadura hasta paneles solares, y adaptan la oferta a lo que cada comunidad necesita.
Me lo crucé en la verdulería y casi se me cae la bolsa de naranjas. Jacinto tiene 52 años, vive en un paraje a unos 30 kilómetros de cualquier asfalto y me dijo, mientras pesaba un kilo de tomates, que estaba terminando un curso de mecánica de motores fuera de borda que le cambió la cabeza. Yo le pregunté cómo hacía para ir hasta la sede del centro de formación, y él me miró con una sonrisa enorme: «No, Paola, el taller vino a mí». Esa es, justamente, la idea detrás de las siete aulas móviles que hoy funcionan en Neuquén, una provincia tan ancha como despoblada, donde muchos oficios se aprenden sin tener que subirse a un micro hasta la ciudad más próxima.
El Ministerio de Educación provincial y el Instituto Nacional de Educación Tecnológica sostienen en conjunto esas siete unidades, que son estructuras equipadas con maquinaria y herramientas listas para dictar clases. Se mueven por zonas rurales, localidades cordilleranas y áreas turísticas donde la densidad de población es baja y, hasta hace poco, la oferta de formación profesional era directamente inexistente.
Un plan que se acomoda a cada pueblo
Lo que distingue a esta red es que no aplica un menú único: cada comunidad recibe los cursos según lo que produce, lo que demanda y lo que necesita para su vida cotidiana. La selección de oficios surge de acuerdos entre el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano provincial, los municipios locales y la Dirección de Educación Técnica, y la coordinación operativa la lleva adelante el Centro de Formación Profesional N°43.
El catálogo de oficios, además, se completa con metalmecánica, mecánica automotriz y de motos, trabajo textil e instalación de sistemas de gas, rubros que en la región tienen demanda concreta y sostenida. Es, en criollo, eso que algunos llaman «estudiar lo que sirve», y que en idioma guaraní bien podría traducirse como «ñembokatupyry», el acto de aprender algo para resolver la propia vida: una palabra que me gusta traer cuando un programa estatal acierta en el blanco y termina sirviendo a la gente que más lo necesita.
Números que muestran el alcance
Desde que comenzaron a operar en 2025, las aulas móviles ya capacitaron a 463 personas en once localidades: Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. La experiencia, lejos de quedarse en una prueba piloto, se afianza como una política estable que apunta a resolver una de las deudas históricas de la formación técnica en las provincias extensas: la distancia.
Volví a la verdulería a los pocos días. Jacinto ya estaba terminando su módulo práctico y me contó que un vecino del Chañar le ofreció trabajo reparando lanchas. «Y todo», insistió mientras me devolvía el vuelto, «sin tener que dejar el pueblo». Esa frase, simple y terral como el campo neuquino, resume lo que estas aulas con ruedas vienen a hacer: acercar el oficio hasta la tranquera de cada casa, y devolverle a cada persona la posibilidad de elegir su futuro laboral sin emigrar. Si alguien en una localidad alejada todavía no escucha hablar de estas unidades, vale la pena averiguarlo en la comuna o en la escuela más cercana: a veces, la oportunidad más grande está pasando por la ruta y todavía no la viste.
