Adiós a la voz profunda que nos enseñó que la fuerza también puede ser gentil
Peter Cullen, el actor canadiense que durante más de cuatro décadas le dio alma al líder de los Autobots y a muchos personajes entrañables, murió a los 85 años. Un recorrido por una carrera que marcó a varias generaciones.
Les tengo que ser sincero, estimado lector: cuando me enteré de la noticia de la muerte de Peter Cullen, sentí ese golpe en el pecho que solo provocan las despedidas de quienes, sin mostrarnos jamás la cara, nos acompañaron desde chicos en los momentos más raros y formativos de la vida, esas tardes de dibujos animados, de películas alquiladas en VHS, de consolas con cartuchos que se trababan y de frases repetidas hasta el hartazgo frente a la pantalla. El hombre que durante más de cuatro décadas le puso el cuerpo a la voz de Optimus Prime, el líder noble y melancólico de los Autobots, falleció el pasado 26 de agosto a los 85 años en su casa, rodeado de su familia, según confirmaron sus seres queridos y su representante, que pidieron respeto y privacidad para pasar el duelo en paz. Nada se dijo sobre las causas del deceso, y a mí, la verdad, me parece bien que así sea: lo que hoy quiero repasar es la vida de un artista enorme, no las circunstancias de su partida.
Porque la carrera de Peter Cullen fue mucho, muchísimo más extensa y variada de lo que muchos recordamos a la hora del homenaje rápido en redes sociales, esa costumbre que tenemos de reducir a los grandes a un solo papel cuando, en realidad, detrás de cada voz que nos hizo soñar había décadas de oficio, de paciencia y de una ductilidad pocas veces reconocida en el doblaje, una disciplina que suele quedar invisibilizada bajo el reflector de las cámaras. Nacido en Canadá allá por los años cuarenta, Cullen empezó su camino artístico en la década del sesenta, combinando sus primeras apariciones en pantalla con un trabajo silencioso pero obsesivo en los estudios de grabación, donde iba puliendo ese timbre grave y cálido que terminaría siendo una marca registrada de toda una era de la cultura pop. Lo que pocos saben, y lo que me parece justo rescatar hoy, es que su voz no solo construyó a Optimus Prime: también dio vida al querido Igor, el burro melancólico de Winnie the Pooh en la versión animada de Disney; aportó los efectos vocales del Depredador en la película original de 1987, esa criatura que tantas pesadillas nos regaló en la adolescencia; y dejó su sello en el King Kong de 1976, entre tantos otros títulos que formaron parte de nuestra educación sentimental sin que jamás le pudiéramos poner un rostro en la pantalla chica.
Una carrera que se metió en todos los rincones de la cultura geek
- Optimus Prime en la serie animada original de Transformers de 1984 y en cada nueva entrega de la franquicia, incluyendo las recientes películas Transformers: The Last Knight (2017) y Transformers: Rise of the Beasts (2023).
- Igor, el entrañable burro de Winnie the Pooh en las producciones animadas de Disney.
- Efectos de voz del Depredador en la película original de 1987 y participación en el King Kong de 1976.
- Aportes a franquicias emblemáticas como Knight Rider, Spider-Man, Voltron, G.I. Joe, Tortugas Ninja y My Little Pony, donde su presencia sonora fue sello distintivo de toda una generación.
- El personaje Thaedus en la serie animada Invincible, sumándose en sus últimos años a producciones de nueva generación.
Pero claro, estimado lector, si hay algo que no se puede dejar de mencionar cuando se habla de este actorazo canadiense es el vínculo único, casi espiritual, que supo construir con la comunidad gamer, porque su voz también se coló en el universo de los videojuegos, con participaciones destacadas en títulos como Transformers: War for Cybertron (2010), donde Optimus Prime dejó de ser solo un dibujo de la tele para convertirse en un personaje con el que interactuábamos directamente, joystick en mano. Y esa es, me parece, la mejor forma de entender la trascendencia de su trabajo: Peter Cullen no le hablaba a una sola generación, le hablaba a varias al mismo tiempo, a los que vimos las primeras caricaturas en los ochentas con el corazón en la mano, a los que crecimos con las películas de Michael Bay en el cine, y a los más pibes que hoy lo descubren en las plataformas de streaming y en los juegos en línea. Una constancia creativa que, créanme, es de esas rarezas que merecen ser destacadas en una industria tan volátil como la del entretenimiento.
“Peter Cullen falleció en paz, rodeado del amor de su familia y sostenido en el corazón de sus múltiples amigos y de incontables fanáticos en todo el mundo. Su familia pide que honren su notable legado sirviendo a sus comunidades y guiando a otros con compasión, integridad y lealtad, recordando siempre: "sé lo suficientemente fuerte como para ser amable".”Comunicado de la familia de Peter Cullen
Y mire, estimado lector, no quiero terminar esta nota sin compartir una reflexión a corazón abierto, porque creo que la despedida de un hombre como Peter Cullen nos deja una enseñanza enorme en estos tiempos que corren, donde la cultura de la cancelación, la bronca permanente y la palabra fácil parecen haberse adueñado de la conversación pública. Ese "sé lo suficientemente fuerte como para ser amable" que la familia eligió como síntesis del legado del actor no es un slogan hueco ni una frase de autoayuda de manual: es, ni más ni menos, el espíritu que Optimus Prime intentó transmitirnos durante décadas, el de un líder que no necesita levantar la voz ni apretar un gatillo para imponer respeto, sino que construye autoridad desde la coherencia y el cariño por los suyos. A mí, particularmente, me cuesta no emocionarme al pensar que un actor que jamás salió en los créditos principales, que nunca fue tapa de revista, que trabajó en la sombra de los estudios, haya podido moldear la imaginación de millones de personas en todo el mundo con nada más que su voz y su talento, y que al final de su camino haya dejado un mensaje tan sencillo y a la vez tan poderoso como ese.
Así que hoy, mientras las comunidades de jugadores, los fanáticos de la animación y figuras de la industria siguen volcando mensajes en redes para despedirlo, yo lo despido a mi manera, invitándolo a usted, que llegó hasta acá en esta lectura, a que se tome un minuto para pensar qué personaje de Peter Cullen lo acompañó mientras crecía, y que si puede, se lo cuente a alguien más, a un hijo, a un sobrino, a un amigo, porque esa es, en definitiva, la mejor forma de honrar a quienes nos dieron tanto sin pedirnos absolutamente nada a cambio. Por mi parte, le confieso que me quedo con la imagen del viejo Peter en su silla, rodeado de los suyos, y con la certeza de que mientras haya alguien en algún rincón del mundo diciendo "Autobots, a la carga" con esa vozarrón inconfundible, una parte de él va a seguir viviendo entre nosotros. Hasta la próxima, y gracias por leer.
